Intermediarios y corrupción, ¿por qué encajan tan bien?
Posted on Tuesday January 4th 2011, by Matteo Bigazzi
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Los intermediarios, en sentido amplio, son los terceros relacionados con una operación, como agentes, mediadores, consultores de empresas, socios de empresas conjuntas y filiales extranjeras. Suelen poner en contacto al sector público y al privado, a cambio de una comisión: el sector privado contrata intermediarios para pagar sobornos, a menudo para obtener beneficios a los que ya tendría derecho, y buena parte (aunque no todo) ese dinero pasa a manos de los funcionarios públicos. La importancia de los intermediarios, en el gran engranaje de la corrupción, es extraordinaria.
Hay gran cantidad de argumentos convincentes que pueden alegarse para demostrar que los intermediarios son el principal catalizador de las operaciones corruptas. Aunque, como suele ocurrir, no hay mejor argumento que la simple observación.
Durante los últimos dos años, hemos asistido a algunas resoluciones sin precedentes en aplicación de la ley estadounidense de prácticas corruptas en el extranjero (FCPA, de Foreign Corrupt Practices Act): en 2008, Siemens aceptó el acuerdo de resolución de la autoridad supervisora más caro en la historia de la aplicación de la FCPA, que ascendía a 800 millones de USD. La actuación supervisora por parte de las autoridades alemanas elevó el coste total para que Siemens resolviera sus expedientes en todo el mundo hasta 1.600 millones de USD. Un año más tarde, fue una filial de Halliburton, Kellogg Brown & Root, la que puso aún más alto el listón del acuerdo FCPA más cuantioso pagado por una empresa estadounidense: una suma total de 579 millones de USD en multas y reintegros.
*Las prácticas corruptas que subyacen a estas actuaciones supervisoras nos dan una idea de la naturaleza de la corrupción. En el caso de Kellogg Brown & Root, el Consejero Delegado admitió haber “negociado el importe de los sobornos con los representantes de los cargos públicos y haber acordado contratar a dos agentes para pagar los sobornos,… en torno a 132 millones de USD para el primer agente, una empresa consultora constituida en Gibraltar y más de 50 millones de USD para el segundo agente, una empresa de negociación global radicada en Tokio (Japón)”. Ello a cambio de la concesión de cuatro contratos en Nigeria, valorados en torno a 6.000 millones de USD.
En el caso de Siemens, según los informes de la SEC, la empresa “realizó miles de pagos independientes a terceros de forma que quedara encubierto el propósito y el receptor final del dinero. Al menos 4.283 de dichos pagos, que en total representaban una cantidad próxima a los 1.400 millones de USD, se utilizaron para sobornar a funcionarios públicos a cambio de negocios para Siemens en todo el mundo”.
Estas cifras son, sencillamente, pasmosas. Miles de millones de dólares en sobornos pagados a través de intermediarios por solo dos empresas no solo demuestran las dimensiones del problema de la corrupción, sino que ponen de manifiesto el papel esencial que desempeñan los intermediarios; sería razonable afirmar que, sin su participación, la corrupción no habría alcanzado estas proporciones.
Por lo tanto, no debe sorprender que los intermediarios hayan atraído la atención de los reguladores desde el nacimiento mismo de la legislación anticorrupción. Al hablar de los orígenes de la FCPA, y en concreto de la investigación de la SEC sobre aportaciones ilegales a la campaña electoral en la era Watergate, Stanley Sporkin, antiguo director del Departamento de Cumplimiento legal de la SEC, recuerda que llegó un día y “le pidió a Bob Ryan, del personal, que fuera a Gulf Oil y averiguara cómo realizaba esta empresa los pagos y cómo reflejaba en su contabilidad los pagos ilegales. Este volvió al cabo de un día con todo el caso resuelto. En Gulf Oil habían creado dos filiales ficticias, a las que habían llamado Bahamas X y Bahamas Y, después habían depositado 5 millones de USD en cada una y habían remitido el dinero de vuelta a las oficinas de la empresa para guardarlo en la caja fuerte del Consejero Delegado. Y esa era la fuente de los pagos”.
La aplicación más reciente de la ley anticorrupción, como en los casos mencionados más arriba, confirma que el modelo de corrupción centrado en los intermediarios sigue conservando la misma importancia, si no más. Estudios académicos recientes sobre reformas anticorrupción aportan nuevas pruebas del carácter esencial de los intermediarios en la corrupción.
Así pues ¿qué es lo que hace que los intermediarios encajen tan bien en la corrupción?
Está muy extendida la idea de que las empresas recurren a intermediarios para evitar tener contacto directo con la corrupción, básicamente como facilitadores de pagos indebidos. Esto sin duda es verdad, pero también resulta excesivamente simplista. Los intermediarios interactúan con la corrupción a muchos niveles, por lo que reducir su papel a la mera canalización de los sobornos supondría subestimar en gran medida su importancia.
Los intermediarios son el punto de encuentro entre las partes relevantes de una operación corrupta. Proporcionan un foro informal para las conversaciones y la búsqueda de intereses convergentes, los cuales, debido a su naturaleza ilegal o impropia, no pueden discutirse abiertamente. En virtud de esa penetrabilidad, los intermediarios influyen y definen la esencia misma de una operación corrupta, a menudo superponiéndose en cada fase, o elemento, del proceso.
Ahora conviene que consideremos más de cerca las características básicas que hacen que los intermediarios sirvan tan bien a este propósito.
Los intermediarios son, ante todo, creadores de oportunidad, en más de un sentido. Actúan proporcionando a sus clientes (pagadores y receptores de sobornos) un variado abanico de servicios que van mucho más allá de una transferencia encubierta de efectivo. Actúan también como asesores, cazadores de talentos, estrategas para la entrada en los mercados, banqueros y gestores de riesgos. Básicamente, trasladan a la economía sumergida los servicios que normalmente se utilizan en las operaciones de negocios legales.
Veamos algunos ejemplos:
Los intermediaros son creadores del mercado de corrupción. Son decisivos a la hora de identificar oportunidades para aquellos que deseen pagar sobornos, especialmente cuando el buscarlas abiertamente es demasiado arriesgado. Pueden incluso ser capaces de promover sus servicios mediante la divulgación de sus antecedentes para, de ese modo, crearse una reputación de negociadores exitosos. Y a la inversa, también es habitual que los receptores finales de los sobornos establezcan una relación con intermediarios de confianza, cuya intervención imponen forzosamente en las operaciones, o también pueden encargarles que identifiquen empresas o personas a quienes pedir el pago de sobornos.
Esto es especialmente cierto en el caso de sectores profundamente regulados, en los que las empresas deben obtener licencias públicas para poder operar y en donde la autoridad de conceder licencias se ha atribuido a agencias públicas creadas para tal fin. Un ejemplo que ha salido recientemente a la luz afecta a las operaciones en Kirguistán de una filial de Alliance One International Inc, un comerciante de tabaco mundial. Según un expediente de agosto de 2010, a mediados de los años noventa, el gobierno de Kirguistán creó “una agencia y organismo público para gestionar y controlar las fábricas procesadoras de tabaco de titularidad pública en Kirguistán” a los que se pagaron sobornos para garantizar el acceso a las fábricas procesadoras controladas por la agencia pública con fines especiales.
Los intermediarios también son rentables. Las empresas que pretenden realizar prácticas corruptas deben asumir ciertos costes, como los derivados de buscar socios ilegales, establecer las condiciones de los acuerdos y forzar el cumplimiento de esos términos y condiciones. Los intermediarios pueden reducir considerablemente esos costes al proporcionar información al cliente potencial respecto de la capacidad de un funcionario público, o un representante del gobierno, de ofrecer realmente los servicios requeridos.
Los intermediarios facilitan un foro a las partes involucradas. Dado que quienes pagan y quienes reciben sobornos operan al margen de la ley, necesitan poder confiar los unos en los otros.
Los intermediarios aportan esa confianza gracias al carácter recurrente de sus actuaciones entre ambas partes.
Mientras que la lealtad entre las partes que participan en una operación de corrupción suele limitarse a la operación en sí, los intermediarios normalmente se acreditan mediante la continuidad de sus relaciones. Jeffrey Tessler, por ejemplo, el oscuro abogado británico, que se hizo mundialmente famoso gracias a la resolución FCPA más cuantiosa en la historia de las empresas estadounidenses, supuestamente mantuvo largas y duraderas relaciones tanto con Halliburton como con el gobierno nigeriano durante décadas antes de que el escándalo saliera a la luz. Resulta revelador que el papel central de Tesler en la estructura de corrupción fuera explicado por primera vez por un antiguo empleado de Technip, un socio francés del consorcio nigeriano dirigido por Halliburton, quizás un indicio de que Tesler no había establecido con Technip la misma relación de confianza que tenía con Halliburton.
Podría seguir, pero creo que con esto es suficiente. El alcance y la sofisticación de los servicios que ofrecen los intermediarios es de tal calibre que su papel no puede reducirse al de un instrumento auxiliar para el pago de sobornos. Allí donde hay una empresa o una persona dispuesta a sacar beneficio mediante prácticas corruptas, los intermediarios abren un mundo de oportunidades. Con la clara ventaja de que lo hacen de manera informal, oculta, pero de confianza. Esta combinación es la base de su capacidad para prosperar en entornos corruptos.
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