Due diligence en el proceso de adquisición: cómo evitar sorpresas desagradables

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Conforme a la doctrina del caveat emptor (“cuídese el comprador”), quien adquiera un bien no podrá reclamar al vendedor en caso de defectos que conviertan el bien adquirido en inadecuado para su uso ordinario. La única excepción es si el vendedor oculta de forma deliberada defectos subyacentes o si incurre en fraude con declaraciones falsas o inexactas. K2 Global Consulting está comprobando cómo, en el mundo empresarial actual, estas situaciones excepcionales se vuelven cada vez más frecuentes; por ejemplo en adquisiciones en las que los compradores, una vez asumida la titularidad del nuevo activo, entidad o negocio, descubren que lo adquirido vale más (o menos) que el precio que habían negociado.

Entonces, ¿qué pasos debe dar una empresa o un particular durante la due diligence con ocasión de una posible adquisición? Lo primero que deben realizar es una exhaustiva auditoría financiero-fiscal antes de adquirir el negocio. Esto, que puede parecer obvio, no siempre se cumple, y hemos visto empresas que, una vez que el dinero ha cambiado de manos y la adquisición ha quedado completada, se han percibido de cuestiones de las que hasta entonces no eran conscientes.

Nuestro enfoque de due diligence es ir un paso más allá en la clásica auditoría, que sólo sirve para sacar a la luz las “vergüenzas” más visibles de una compañía, y llevar a cabo una inmersión más profunda que garantice a sus inversores, Consejo de Administración y directivos que lo que están adquiriendo son activos y no sorpresas. Nuestro modelo de due diligence requiere que la empresa adquirente comprenda que no basta con realizar preguntas a los directivos actuales. Sin duda, estos le proporcionarán las respuestas que podría esperarse de ellos, pero ¿son las respuestas correctas? ¿Cuentan la historia completa?

Una due diligence exhaustiva debe investigar y llegar hasta el fondo de las cosas pero, por encima de todo, debe cuestionar lo que los directivos digan acerca de los principales problemas que afectan a la compañía adquirida. Esto pasa por examinar desde varios ángulos los temas sacados a la luz, razón por la que nuestros equipos de due diligence incluyen experimentados investigadores de distintas disciplinas (desde abogados especializados en el mercado de valores hasta contables forenses, pasando por profesionales sobre inteligencia empresarial). En cuanto a los problemas en sí, creemos que una due diligence exhaustiva, ya sea como paso previo a una adquisición o al compromiso de fondos adicionales en un proyecto empresarial, debería evaluar varios aspectos clave de la compañía en cuestión, entre ellos el riesgo financiero, legal, de controles, tecnológico y reputacional:

Comencemos por el riesgo financiero. Al objeto de revisar a fondo la estabilidad financiera de una compañía, resulta esencial abordar las siguientes cuestiones:

- ¿Están los registros contables actualizados?

- ¿Han planteado los auditores internos o externos objeciones acerca de los datos financieros?

- ¿Cómo son las políticas y procedimientos contables, y cuánto tiempo hace que están implantados?

- ¿Han sido aplicados de forma coherente por los directivos responsables y son observados por todos los empleados?

Unas políticas contables suficientes respaldan la consecución de los objetivos de la compañía y su eficacia operativa.

A la inversa, problemas contables suscitan el temor de que no estén implantados controles adecuados que permitan identificar de forma fiable las inexactitudes significativas en los estados financieros de la compañía. Esto puede socavar aún más la capacidad del Consejo de Administración y la alta dirección para hacer cumplir y supervisar las cuestiones que afectan a la estabilidad financiera de la empresa. Cualquiera de estos problemas puede derivar en una falta de transparencia sobre el estado de las cuentas, así como en incorrecciones significativas en la información suministrada a los inversores.

Analizar los riesgos legales tanto actuales como potenciales de una compañía es esencial. Supongamos que su empresa está pensando adquirir una prometedora compañía de software por 15 millones de dólares estadounidenses. Para su desconocimiento, debido a deudas impagadas a proveedores, inversores disconformes y una serie de pleitos con ex-empleados, existe una responsabilidad adicional por valor de 2,5 millones de dólares estadounidenses. Esto sin tener en cuenta la futura responsabilidad potencial, que suele serle ocultada a la empresa adquirente, derivada de la mala gestión de la compañía adquirida.

Muchas empresas han quebrado tras enterrar valiosos recursos en un sinfín de pleitos. Aunque la empresa que se pretende adquirir pueda parecer innovadora bajo un primer vistazo, su atractivo no será el mismo una vez considerado el fantasma de años de litigios. O, como un cliente lo describió recientemente, la operación “tiene pelos en la gatera”.

Cualquier proceso de due diligence debe identificar no solo los obvios escollos legales, sino también revelar los problemas potenciales que podrían no resultar tan evidentes para la empresa adquirente: Por ejemplo:

- ¿Se han revisado los expedientes de los tribunales  en busca de casos abiertos contra la compañía o contra miembros de la alta dirección?
- ¿Se ha entrevistado a la asesoría jurídica interna acerca de cargos legales, tanto actuales como potenciales, contra la compañía?
- ¿Se han mantenido contenciosos con antiguos empleados, consultores o proveedores? En caso afirmativo, ¿recibieron un tratamiento adecuado?
- ¿Se han planteado quejas desde los inversores? Si es así, ¿fueron debidamente escuchadas y atendidas?

Cualquiera de estos problemas podría fácilmente pasar inadvertido, y dar lugar a quebraderos de cabeza financieros y legales a largo plazo para la empresa adquirente.

Una due diligence exhaustiva también debería examinar los controles de la entidad adquirida, incluidos las políticas y los procedimientos en materia contable, de supervisión, financiera y legal. También conviene examinar los datos, la información al cliente y los controles tecnológicos. Unos procedimientos bien diseñados permitirán detectar debilidades significativas en el negocio o amenazas legales para la compañía, y si es responsable, ésta actualizará dichas políticas periódicamente por escrito, siendo incumbencia del Consejero Delegado, del Director Financiero y/o del Consejo de Administración la supervisión de su cumplimiento.

Según nuestra experiencia, debilidades en los controles suelen denotar problemas de mayor calado. Un control débil puede indicar oportunidades para incurrir en fraudes, irregularidades contables, gasto corporativo irresponsable y, en general, actos cuestionables. Con independencia del control de que se trate, la ausencia de controles podría hacer dudar sobre la conveniencia de mantener el equipo directivo actual una vez completada la adquisición.

El proceso de due diligence debería evaluar lo afirmado por los actuales directivos respecto a los problemas legales y el control Confiar en lo que digan los directivos es insuficiente para evitar problemas potenciales, y la empresa que lo haga se arriesga a encontrarse con problemas futuros. ¿Qué tienen que decir los ex-empleados sobre las políticas y procedimientos de los actuales directivos? ¿Qué opinan los antiguos socios sobre la estabilidad financiera o contable de la empresa? Amigos, colegas, enemigos, la Agencia Tributaria y los documentos judiciales, todos tienen alguna historia que contar, y creemos que muchas de estas historias pueden revelar verdades importantes sobre la empresa.

Determinar las verdaderas fortalezas y debilidades de una adquisición requiere investigar a fondo antes de cerrar el trato. Asegurarse de tener las respuestas correctas, y no solo las fáciles de obtener, debería ser parte esencial del proceso de due diligence y, en último término, les ahorrará a usted y a sus inversores tiempo, dinero y dolores de cabeza.

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